por Alexia el Sáb Sep 25, 2010 3:29 am
Interminables pasan los minutos, antojándose mas que eternos para la joven caída, entre finjidas sonrisas y númerosas órdenes posturales, su rostro permanece en serena calma hasta que puede al fin descender del ridículo armatoste floral al que han tenido la genial idea de encaramarla junto a una preciosa modelo de rosados cabellos, a la que no tiene el gusto de conocer.
En un principio, en el mismo instante en que sus ojos se cruzaron, la joven captó la atencion de Alexia, y no pudo evitar fijarse en su vaporoso atuendo rosado (a juego con cabello y maquillaje) que se ajustaba de manera sugerente a sus estilizadas formas. La caida no pudo evitar sonreir interiormente ante la vista de la muchacha que, como ella, poseía unas características tan peculiares.
Mas ahora, la joven modelo siente que todas sus alertas se han activado tras haber notado sobre ella las constantes miradas inquisitivas que le va dirigiendo la peli-rosa desde el mismo instante en que su "objetivo" hizo acto de presencia.
Con sutil disimulo, entre destellos de flash y foco, Alexia dirige fugaces miradas de inexpresivos ojos hacia la muchacha, que no cesa de observarla tras las cámaras con expresión interesada. La mano de la caída se dirige inconscientemente a su cuello y acaricia con la punta de los dedos su preciado "botín", el lujoso colgante engastado, las incrustaciones de diamante de la cadena... sabedora de que su valor supera con creces el de cualquiera de las "baratijas" que lucen orgullosas el resto de las modelos.
Cualquiera... excepto aquella que porta su compañera de rosados cabellos, cuyos rasgos perfectamente similares al que ella lleva le hacer caer en la cuenta de la situación de igualdad en la que ambas se encuentran ante los ojos del presuntuoso magnate.
Dudando en su interior de si la enigmáctica joven representa una amenaza en su plan, tanto por tratarse de una rival directa en sus aspiraciones a un futuro acercamiento con el magnate, o si simplemente debe tener cuidado con ella, ya que la muchacha parece haberse percatado de manera extrañamente rápida de que sus oscuras intenciones con las joyas van más allá de una simple admiración. Todo ello pudiendo conllevar futuros imprevistos ante los que debía estar preparada para solventar.
Aún sumida en sus pensamientos, su cuerpo responde con natural elegancia a todas las exigencias de la Créme que, en el momento en que la peli-rosa había abandonado la escena, había sustituido el llamativo decorado de estrambóticas flores por unos complementos de tonos metalizados, fundiendo las ramas de los árboles con detalles cibernéticos a juego con el tono plateado de la vestimenta y el cabello de Alexia, en la búsqueda constante del diseñador que siempre le obsesionaba conseguir en cada uno de sus trabajos.
- Ya puede descansar, señorita Bellucci. Es el turno de AnaBella. Chiiicos... - unas estridentes palmadas del diminuto diseñador y en menos de lo que dura una exhalación el decorado cambia completamente de nuevo, esta vez pasando a unos tonos dorados acordes con el cabello de la siguiente modelo.
Con gesto aburrido, Alexia se deja caer sobre la mesa de catering y rellena hasta el borde una taza de humeante café recién preparado, para después verterla por su garganta sin apenas notar el ardor que el líquido caliente va dejando a su paso. Dirige una mirada de reojo a la joven que se encuentra a su lado y saluda con un leve movimiento de cabeza, dejando la taza vacía allí donde la había encontrado, sabedora de que alguien se encargaría de ella.
Ante la repentina alabanza y la escueta presentación de la peli-rosa, Alexia alza una de sus cejas, y trata de parecer desinteresada ante la joven, tendiéndole la mano sin mirarla directamente.
- Alexia Bellucci, encantada... - se presenta la caida estrechando con algo de desdén la mano de su compañera, con gesto frío en el rostro - Así que Naia... bonito nombre, y bonito vestido. No como el mio... parezco una lata de sardinas...
La joven caída observa disgustada su ropa; las tiras cruzadas de látex plateado que conforman su vestido y que poco dejan a la imaginación por lo ajustado del atuendo y los numerosos broches metalizados la hacen sentirse embutida y pesada, en cambio la delicada tela del vestido de Naia parece mil veces más cómoda de lo que jamás podría resultarle la suya.
De pronto, la mirada de la albina se alza directamente a los ojos de la joven y se acerca a la peli-rosa para acariciar con el dorso de su mano derecha la joya que pende de su cuello, mientras una pícara sonrisa se dibuja en su delicado rostro y ladea la cabeza juguetona, tratando de adivinar sus intenciones.
- Precioso, ¿no crees? - la oscura entorna los ojos mientras toma entre sus dedos la joya de Naia y la observa con mas detenimiento, confirmando así que coincide a la perfección con la que ella porta - Una obra de arte que cualquier dama de alta alcurnia anhelaría tener como exclusivo objeto fetiche en su colección. ¿No... crees?
Tiñendo a sabiendas de un tono insinuante sus palabras y mirándola con intensidad nota que, tras unos segundos de entendimiento, la vista de la pelirosa se desvia por encima de su hombro. Al darse cuenta de que están siendo observadas, Alexia deja escapar una sonora risotada y, abriendo los ojos al máximo, insta a su compañera a imitarla con tal que el que sea que las está vigilando crea que mantienen una sencilla conversación adolescente sobre temas vanales y no un preludio a ninguna actividad ilegal, tal como espera lograr la joven albina con aquella muchacha que, por su actitud tan parecida a la suya propia, le hace sentir una inusual empatía tal como nunca había sentido antes...
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